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El Pombero y los relatos de mi abuela


En el corazón de Paraguay, entre los susurros del viento y el murmullo de los ríos, habita una figura legendaria que ha cautivado la imaginación de generaciones: el Pombero. Conocido como el protector de la naturaleza, este ser mítico ha sido objeto de numerosos relatos y leyendas, transmitidos de boca en boca, tejiendo una rica tapicería de historias y creencias.


Mi abuela, Catalina Salcedo, fue una de esas guardianas de las historias del Pombero. Una mujer que, a pesar de las adversidades, se levantó con valentía para criar a sus hijos sola. Madre soltera, luchadora incansable, y con un conocimiento empírico que superaba cualquier instrucción formal, mi abuela se convirtió en una fuente inagotable de sabiduría popular. Sus relatos sobre el Pombero no solo me fascinaban, sino que también me enseñaban sobre la conexión profunda entre los seres humanos y la naturaleza.


Catalina vivía en Barrio Obrero, un barrio tradicional de Asunción, simple pero cerca del centro, en plena ciudad. Este era un lugar de gente trabajadora y sencilla, con pocas casas, muy diferente de los días actuales. Allí, entre las casas modestas y las calles tranquilas, las historias del Pombero adquirían una dimensión casi palpable.


Catalina o ña Chiní, como era más conocida, solía decir que el Pombero, aunque travieso y a veces temido, era un protector. “El Pombero me cuida,” afirmaba, y narraba con detalle cómo le dejaba ofrendas de caña y cigarro para ganar su favor. La caña, esa bebida alcohólica producida en Paraguay, y el cigarro, se convertían en los símbolos de respeto y entendimiento entre mi abuela y el espíritu del Pombero. Estos rituales, sencillos pero llenos de significado, se llevaban a cabo con una reverencia casi sagrada, reflejando una relación simbiótica entre el mundo humano y el espiritual.


Relatos de mi abuela



Catalina contaba que, en las noches más oscuras, cuando el silencio de la noche era interrumpido solo por los sonidos de la ciudad, sentía la presencia del Pombero. “No tengo miedo,” decía, “porque sabía que él estaba ahí para cuidar la casa y las tierras.” Durante las tormentas, que en Asunción podían ser particularmente aterradoras, la figura del Pombero adquiría un rol casi heroico. En una ocasión, durante una tormenta, la casa fue sacudida por vientos furiosos y relámpagos que iluminaban el cielo. Catalina, con una calma inquebrantable, encendió un cigarro y dejó una copa de caña en el patio. “Es para el Pombero,” explicó, como si fuera lo más natural del mundo. Al poco tiempo, la tormenta cesó, como si el Pombero hubiera intervenido para proteger su hogar.


Yo y mi prima Paola estábamos fascinados por estos relatos, sin saber si el sentimiento que nos embargaba era miedo o curiosidad. Nos sentábamos alrededor de mi abuela, con los ojos bien abiertos y el corazón latiendo rápido, absorbiendo cada palabra. Aunque nunca tuve experiencias personales con el Pombero, creo que la mayoría de los paraguayos sabemos que ese ser mítico, de alguna manera, existe en nuestra cultura popular. La sensación de su presencia, la creencia en sus poderes, forma parte del tejido mismo de nuestras vidas y tradiciones.


El Pombero en la cultura paraguaya


El Pombero es una figura emblemática en la cultura paraguaya, descrito a menudo como un ser bajo y desnudo, que se desplaza con sigilo y se esconde en los rincones más oscuros. Se dice que puede volverse invisible y que es extremadamente rápido, capaz de desplazarse sin ser visto ni oído. Aunque a veces se le teme por sus travesuras, aquellos que lo respetan y le ofrecen regalos, como mi abuela Catalina, encuentran en él un aliado fiel. Una señal común de su cercanía es el sonido de pollitos, un detalle que añade un aire de misterio y expectación a su leyenda. Cuando se escuchan esos pequeños píos en medio de la noche, muchos creen que el Pombero está cerca, vigilando y protegiendo.


En las noches, las historias del Pombero cobran vida en las comunidades rurales y urbanas, donde se le atribuyen tanto actos de bondad como de travesura. Los niños escuchan con atención, y los adultos rememoran sus propios encuentros, manteniendo viva una tradición que se entrelaza con la identidad paraguaya. Las historias son contadas una y otra vez, cada vez con nuevos matices, manteniendo viva la esencia de nuestra herencia cultural.


Las raíces de la mitología paraguaya están profundamente entrelazadas con la cosmovisión indígena y la mezcla cultural que se ha desarrollado a lo largo de los siglos. La figura del Pombero, junto con otros seres míticos, tiene sus orígenes en las creencias de los guaraníes, el pueblo indígena originario de la región. Estas historias fueron transmitidas oralmente, evolucionando y adaptándose a través del tiempo.


Con la llegada de los colonizadores españoles y la influencia de la religión católica, muchas de estas creencias se fusionaron con las nuevas influencias, creando un sincretismo único. Así, el Pombero y otros seres mitológicos se convirtieron en parte integral de la cultura paraguaya, siendo transmitidos de generación en generación.


Presencia en la cultura popular actual


A pesar de los avances tecnológicos y los cambios sociales, las leyendas del Pombero y otros seres mitológicos siguen vivas en la cultura popular paraguaya. Los jóvenes de hoy, aunque inmersos en la modernidad, continúan escuchando y compartiendo estas historias. En muchas familias, los relatos sobre el Pombero son contados como advertencias o lecciones, manteniendo viva la tradición oral.


Las redes sociales y los medios digitales han permitido que estas historias lleguen a un público más amplio, adaptándose a los tiempos modernos. Se realizan festivales y eventos culturales donde se celebran estas leyendas, y en las escuelas, los maestros utilizan estos cuentos para enseñar sobre la historia y la cultura del país. La creencia en el Pombero y otros seres no solo es una conexión con el pasado, sino también una forma de identidad y orgullo cultural para las nuevas generaciones.


Otros seres mitológicos de Paraguay


Además del Pombero, la mitología paraguaya está llena de otros seres fascinantes y enigmáticos. Entre ellos se encuentra el Jasy Jateré, un niño pequeño y rubio que, según la leyenda, secuestra a los niños que juegan bajo el sol del mediodía y los lleva a su mundo de ensueño. También está el Kurupí, conocido por su gran virilidad y su capacidad para aparecer y desaparecer a voluntad. Estas historias, al igual que la del Pombero, están profundamente arraigadas en la cultura paraguaya y se cuentan de generación en generación. El Luisón, una figura similar al hombre lobo, es otra criatura temida en las noches oscuras. Se dice que vaga por los cementerios, buscando cuerpos para devorar. Por otro lado, el Ao Ao, una criatura con aspecto de oveja pero con una naturaleza feroz, persigue a los humanos por los campos y selvas.


La vida de mi abuela, llena de desafíos y triunfos, es un testimonio de la fuerza y la resiliencia. A través de sus relatos, aprendí a valorar nuestras raíces y a entender la importancia de las historias que nos conectan con nuestra tierra y nuestras tradiciones. Catalina creyó en el Pombero hasta sus últimos días, y sus historias siempre estuvieron impregnadas de una mezcla de respeto y misticismo hacia este ser. Con su sabiduría empírica y su espíritu indomable, personificaba la esencia misma del conocimiento popular. Sus historias sobre el Pombero no eran solo cuentos, sino lecciones de vida. Hoy, al recordar sus palabras y sus enseñanzas, siento una profunda gratitud y un deseo de mantener viva su memoria.

 
 
 

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