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¿De dónde viene ese odio? Bernardo Aranda y la sombra del número 108 en Paraguay

Atualizado: 22 de ago. de 2024


En la historia paraguaya reciente, pocos casos han sido tan emblemáticos y a la vez tan indicativos de una problemática social profunda como el de Bernardo Aranda. Su historia es un reflejo de una sociedad que aún lucha con las sombras de su pasado. Es esencial abordar la cuestión clave:¿Cómo es posible que, en una era de supuesta libertad y progreso, los ecos de un pasado represivo todavía resuenen en los pasillos del poder y en las calles de nuestras ciudades? Esta pregunta no solo es retórica, sino que nos invita a explorar las profundidades de un conservadurismo social que, lejos de haber quedado atrás, parece haberse enraizado sutilmente en la sociedad paraguaya.

El caso de Bernardo Aranda, junto con el simbolismo del número 108, nos confronta con una realidad incómoda: la represión de la dictadura stronista hacia la homosexualidad, lejos de ser un capítulo cerrado, continúa manifestándose en formas nuevas y a veces insidiosas. La sombra de la intolerancia se siente sobre aquellos cuya orientación sexual e identidad de género desafían las normas tradicionales.

Este artículo, por tanto, no solo busca recordar y honrar la historia de Bernardo Aranda, sino también iluminar cómo la lucha por la igualdad y el respeto a la diversidad sexual y de género es aún una batalla presente en el Paraguay de hoy. ¿Seremos capaces, como sociedad, de enfrentar estos fantasmas del pasado y construir un futuro más inclusivo y respetuoso? La respuesta a esta pregunta definirá no solo nuestra identidad colectiva, sino también el legado que dejaremos a las futuras generaciones.


Bernardo Aranda

En la penumbra de la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay, un período que se extendió desde 1954 hasta 1989, se tejieron historias de represión política y social, teñidas de miedo y silencio. Una de las más siniestras y conmovedoras fue la trágica muerte de Bernardo Aranda, un joven locutor de radio cuya voz resonaba en los corazones de la juventud paraguaya. Carismático y valiente, Aranda se atrevió a ser una voz crítica en un régimen donde la disidencia era un peligroso tabú.

La noche del 1 de septiembre de 1959 marcó un giro macabro en la historia de Paraguay. El cuerpo de Aranda fue descubierto en su habitación en Barrio Obrero de Asunción, quemado en circunstancias que desafiaban la lógica y el entendimiento. La policía, en un apresurado juicio, declaró su muerte como un suicidio, pero las sombras de la duda surgían sobre la escena. La sociedad paraguaya, atormentada por el miedo y la sospecha, murmuraba la posibilidad de un asesinato.

Las razones detrás de esta sospecha eran tan oscuras como la noche en la que Aranda encontró su trágico final. En primer lugar, estaba la realidad ineludible de su homosexualidad, una verdad vivida en un país donde amar de manera diferente era considerado un crimen. La dictadura de Stroessner había estigmatizado la homosexualidad como una amenaza a la moral y la tradición, respaldada por un Código Penal que en su artículo 325 castigaba los actos sexuales entre personas del mismo sexo. Artículo 325. El que siendo mayor de edad realizare actos sexuales con una persona del mismo sexo, de catorce a dieciséis años, será castigado con pena privativa de libertad de hasta dos años o con multa. Parágrafo único. Las penas del artículo precedente son aplicables aun cuando el ayuntamiento carnal tenga lugar entre personas del mismo sexo o en vaso indebido.

En segundo lugar, la voz de Aranda, que resonaba en las ondas radiales, y su “conducta amoral", así llamado por el sistema en ese momento, podría haber sellado su destino, convirtiéndolo en un blanco para ser silenciado permanentemente.

En una grotesca muestra de "eficacia" policial, varios hombres, supuestamente homosexuales, fueron arrestados en relación con el caso. Los documentos oficiales mencionan 108 personas, pero se rumoreaba que eran muchas más, incluyendo mujeres. El número 108 se convertiría en un símbolo escalofriante de la persecución a la que fueron sometidos los homosexuales durante estos años oscuros, Eran 108 y un quemado.

El misterio que rodeaba la muerte de Aranda nunca se resolvió. Su final quedó envuelto en un velo de terror y tristeza, un recordatorio constante de las atrocidades cometidas en nombre de una ideología conservadora y nacionalista.

El inicio de la democracia fue marcado por una serie de reformas legales que buscaron sanar y transformar una sociedad largamente asfixiada por el yugo de la intolerancia. Entre estas significativas transformaciones legales, se destacó una decisión trascendental: la promulgación de la Ley 104/90 el 14 de diciembre de 1990.

Esta ley, más que un simple cambio legislativo, simbolizó un paso hacia la libertad y el respeto por la diversidad. Al modificar el artículo 325 del Código Penal, la Ley 104/90 borró las huellas de discriminación legal que habían marcado durante décadas a la comunidad LGBTQIAP+ en Paraguay, aunque estamos abordando el tema desde una perspectiva legal porque en la sociedad la discriminación continuaría hasta hoy. El legado de Aranda, y el número 108, permanecen en la memoria colectiva de Paraguay, como un eco sombrío de un pasado que nunca debe ser olvidado.


Homofobia

La homofobia es un fenómeno complejo que ha sido estudiado desde varias disciplinas científicas, incluyendo la psicología, la sociología y la antropología. Estas disciplinas ofrecen diferentes perspectivas para entender las raíces de este odio. Algunas teorías sugieren que los prejuicios, se aprenden a través de la observación y la imitación de figuras de autoridad y pares, como padres, maestros y amigos. Esto significa que las actitudes negativas hacia las orientaciones sexuales no normativas pueden ser transmitidas de generación en generación. Otras teorías proponen que los prejuicios surgen de la competencia entre grupos por recursos limitados. En este caso, los grupos en el poder pueden ver a las comunidades LGBTQIAP+ como una amenaza a sus valores y estatus social, desencadenando actitudes hostiles. La sociología enfatiza cómo las normas sociales y culturales influencian las actitudes de las personas. En muchas sociedades, existen normas arraigadas que valoran ciertas orientaciones sexuales sobre otras. La desviación de estas normas puede generar miedo y hostilidad.

La construcción social sostiene que las concepciones de sexualidad son socialmente construidas y pueden variar ampliamente entre culturas y épocas. Las orientaciones sexuales no normativas pueden ser estigmatizadas si no se ajustan a las construcciones dominantes. Esto sugiere que nuestras comprensiones y normas sobre la sexualidad no son inherentemente fijas o universales, sino que son moldeadas por factores culturales, históricos y sociales. Esta visión reconoce que lo que se considera "normal" o "aceptable" en términos de sexualidad puede variar significativamente entre diferentes culturas y a lo largo del tiempo. En sociedades antiguas, como Grecia y Roma las relaciones entre hombres del mismo sexo, especialmente entre un hombre mayor y un joven, eran a menudo vistas como normales y hasta idealizadas. Estas relaciones tenían un componente educativo y social que era aceptado dentro de la cultura.

Algunas culturas indígenas reconocían y respetaban lo que ahora se podría llamar identidades de género no binarias. Por ejemplo, los "Dos Espíritus" en algunas tribus nativas americanas eran individuos que encarnaban cualidades tanto masculinas como femeninas y a menudo desempeñaban roles únicos y respetados en sus comunidades. El sistema de género binario es un legado del colonialismo europeo.

En la era victoriana, la sexualidad era vista a través de un lente muy restringido y moralista. Las normas de la época estigmatizaban severamente cualquier expresión de sexualidad fuera del matrimonio heterosexual, y la homosexualidad era ilegal y considerada inmoral.

En las sociedades contemporáneas, especialmente en el Occidente, ha habido un cambio significativo hacia una mayor aceptación de la diversidad sexual. Sin embargo, esta aceptación no es universal y varía ampliamente entre diferentes culturas y países.

Históricamente, la homosexualidad fue clasificada como una enfermedad mental por organizaciones como la Asociación Americana de Psiquiatría. Esta clasificación cambió en 1973, reflejando un cambio en la comprensión social y médica de la homosexualidad.

Muchas religiones tradicionales, incluyendo variantes del cristianismo, el islam y el judaísmo, han sostenido históricamente puntos de vista que desaprueban o condenan las orientaciones sexuales no normativas. Estas enseñanzas, a menudo basadas en interpretaciones de textos sagrados, pueden influir en las creencias y actitudes de los fieles.

La identidad religiosa es un componente central de la vida de muchas personas, y las normas y valores de su comunidad religiosa pueden tener un impacto significativo en su visión del mundo. Si una comunidad religiosa promueve actitudes negativas hacia la homosexualidad, esto puede reforzar y legitimar la homofobia entre sus miembros.

En muchas sociedades, ha habido un conflicto percibido entre los valores religiosos tradicionales y las tendencias hacia una mayor aceptación de la diversidad sexual y de género. Esto puede llevar a algunos creyentes a ver las orientaciones sexuales no normativas como una amenaza a sus valores y creencias.

Es importante reconocer la diversidad de opiniones dentro de las comunidades religiosas. No todos los miembros de una fe particular o incluso líderes religiosos comparten necesariamente actitudes negativas hacia las orientaciones sexuales no normativas. En las últimas décadas, ha habido movimientos dentro de muchas religiones que buscan reinterpretar las enseñanzas tradicionales para ser más inclusivas con respecto a la sexualidad. Estos movimientos han contribuido a un diálogo más amplio sobre la tolerancia y la aceptación.


108

El número 108 en Paraguay tiene un significado histórico y social particularmente profundo, relacionado con la represión de la comunidad LGBTQIAP+ durante la dictadura de Alfredo Stroessner, que gobernó el país desde 1954 hasta 1989. Este número refiere específicamente a la cantidad de varones presuntamente homosexuales detenidos durante la investigación del asesinato de Bernardo Aranda en 1959​​.

Durante la dictadura de Stroessner, apoyada por la Asociación Nacional Republicana y varios sectores de la sociedad, así como por el gobierno de los Estados Unidos, se produjo una intensa persecución de personas consideradas homosexuales. Esta persecución quedó registrada en la prensa escrita de la época​​.

El 2 de septiembre y en los días siguientes, la policía realizó varias redadas, deteniendo violenta y arbitrariamente a un considerable número de personas bajo el pretexto de averiguar sobre el caso Aranda; la mayoría de estas personas eran varones. A pesar de las declaraciones oficiales que negaban las detenciones preventivas, la prensa reportó posteriormente nuevas detenciones, aunque continuó negando la existencia de detenidos​​.

El número 108 comenzó a relacionarse con estas detenciones y adquirió un significado asociado a la "dudosa conducta moral". Este término, originalmente parte de un titular de periódico, eventualmente se integró en la jerga popular, adquiriendo un significado y una carga simbólica particular. Es importante destacar que la cifra de 108 no representa el número total y definitivo de personas detenidas, sino que fue un cálculo aproximado hecho por un redactor periodístico sobre las personas que esperaban ser interrogadas​​.

Este episodio y el simbolismo del número 108 se convirtieron en un recordatorio sombrío de la represión y discriminación sufridas por la comunidad LGBTQIAP+ en Paraguay, reflejando un periodo de la historia del país marcado por la intolerancia y la violación de derechos humanos. El número 108 se mantiene hoy en día como un símbolo de la lucha por la igualdad y la justicia, recordando a la sociedad la importancia de proteger a todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género.



Educación sexual en Paraguay hoy

Este ha sido un tema de debate y controversia, en gran parte debido al conservadurismo social y las influencias culturales y religiosas en el país. Esto se debe a la resistencia de ciertos sectores de la sociedad que ven la educación sexual como un tema tabú o inapropiado para el ámbito escolar. Paraguay es un país con una fuerte influencia cultural y social de la religión, particularmente del catolicismo. Estas influencias pueden impactar las políticas y actitudes hacia la educación sexual, llevando a enfoques más conservadores que pueden evitar o limitar la discusión de temas como la diversidad sexual, el uso de anticonceptivos, y la salud reproductiva. La ausencia de una educación sexual adecuada puede tener varias consecuencias negativas, como altas tasas de embarazos adolescentes, la propagación de enfermedades de transmisión sexual y un menor entendimiento y aceptación de la diversidad sexual y de género.

La educación sexual en las escuelas cumple un papel fundamental que va más allá de la simple información sobre la reproducción humana. Su importancia radica en enseñar a los jóvenes sobre el respeto hacia sus cuerpos, el establecimiento de límites personales y la comprensión de que su cuerpo es, en efecto, un espacio sagrado y digno de respeto. Esta educación es esencial para fomentar un entendimiento saludable de la sexualidad y las relaciones interpersonales.

La educación sexual integral es una herramienta vital en la prevención del abuso y la violencia sexual. Al educar a los jóvenes sobre sus derechos, su autonomía corporal y la importancia del consentimiento, se les empodera para reconocer y resistir situaciones abusivas. Estudios han mostrado que el abuso sexual a menudo ocurre en contextos donde existe una relación jerárquica o de confianza, incluyendo la familia, padres, amigos cercanos de la familia, tíos, primos mayores, etc. Una educación sexual adecuada ayuda a los jóvenes a identificar estas situaciones y les proporciona las herramientas para buscar ayuda.

El discurso conservador frecuentemente enfatiza la protección y el respeto a la estructura familiar tradicional. Sin embargo, este enfoque a menudo ignora la realidad de que el abuso sexual puede y ocurre dentro de estas mismas estructuras familiares. La retórica que idealiza a la familia sin reconocer los problemas internos que pueden existir dentro de ella, como el abuso sexual, puede resultar en una falta de protección para las víctimas y en una perpetuación del abuso. Además, la tendencia a culpar a grupos externos, como la comunidad LGBTQIAP+, por problemas relacionados con la "moralidad" en la sociedad es una táctica de desviación que ignora los verdaderos problemas y perpetúa estigmas dañinos.

Una educación sexual integral no solo trata sobre biología y reproducción, sino que también aborda temas como las relaciones saludables, el respeto mutuo, la diversidad sexual y de género, y el derecho a vivir sin violencia ni discriminación.

Hay esfuerzos por parte de organizaciones de la sociedad civil, activistas y algunos sectores educativos para promover una educación sexual más integral y basada en la ciencia en las escuelas. Estos movimientos buscan incluir temas como la salud sexual y reproductiva, el consentimiento, las relaciones saludables y el respeto a la diversidad. La implementación de programas de educación sexual integral en Paraguay enfrenta desafíos tanto a nivel político como social. Estos desafíos incluyen la oposición de grupos conservadores y la necesidad de superar barreras culturales y educativas para abordar el tema de manera efectiva.


Un obstáculo para la inclusión en Paraguay

A pesar de los esfuerzos significativos de movimientos inclusivos y progresistas en Paraguay, la resistencia a cambios en áreas como la educación sexual y los derechos de la comunidad LGBTQIAP+ sigue siendo un desafío considerable. Esta resistencia es un reflejo de una mentalidad conservadora profundamente arraigada, que actúa como un estigma heredado de épocas represivas, como la dictadura de Stroessner. Sin embargo, es crucial reconocer que la persistencia de actitudes homofóbicas y conservadoras no puede atribuirse únicamente al legado de la dictadura; la sociedad en su conjunto también debe asumir la responsabilidad de fomentar la intolerancia y la falta de progreso.

La dictadura de Stroessner en Paraguay dejó un legado de represión y control social, donde la diversidad sexual y la disidencia eran castigadas. Esta época contribuyó a cimentar un conservadurismo que sigue impactando el discurso y las políticas públicas en temas de sexualidad y derechos humanos. El conservadurismo dictatorial fomentó un ambiente donde el miedo y la desconfianza hacia lo "diferente" se convirtieron en norma, perpetuando así la discriminación y la exclusión de grupos minoritarios. Sin embargo, atribuir la homofobia y el conservadurismo únicamente al pasado dictatorial sería ignorar la responsabilidad colectiva en la perpetuación de estos problemas. La sociedad tiene la capacidad y la responsabilidad de aprender y evolucionar, desafiando las actitudes y creencias que limitan el progreso hacia una sociedad más inclusiva. A diario, las personas tienen la oportunidad de desafiar sus propias preconcepciones, educarse sobre temas de diversidad y contribuir a un cambio social positivo. La inacción o la complacencia frente a la discriminación y la intolerancia también son formas de perpetuar estos problemas.

La resistencia al cambio y la inclusión no solo refleja una falta de voluntad para desafiar el legado de la dictadura, sino también una renuencia a reconocer los derechos humanos fundamentales y la dignidad de todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. La sociedad debe reconocer que cada acto de intolerancia o discriminación, por pequeño que sea, contribuye a un clima de exclusión y violencia. La responsabilidad de cambiar este clima recae en todos los individuos, instituciones y líderes.

Para avanzar hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa, es esencial que tanto el gobierno como los ciudadanos adopten una postura activa en la promoción de la educación, la tolerancia y el respeto por la diversidad. Esto implica no solo políticas inclusivas y educación sexual integral, sino también un esfuerzo colectivo para desafiar y cambiar las actitudes discriminatorias en la vida cotidiana.

Las generaciones presentes y futuras de Paraguay deben comprometerse con un proceso de aprendizaje y cambio, reconociendo que la tolerancia y la inclusión no son solo ideales a alcanzar, sino necesidades fundamentales para el desarrollo saludable y justo de cualquier sociedad.

Este artículo, ideado y construido en honor a Aranda, es un reflejo de la resistencia y la resiliencia de aquellos que, a pesar de enfrentar la adversidad y la intolerancia, siguen luchando por un futuro más justo y equitativo. La historia de Aranda, entrelazada con el simbolismo del número 108, nos recuerda el costo humano de la homofobia, un legado de dolor y exclusión que aún hoy pesa sobre Paraguay.

Al abordar la historia de la represión durante la dictadura, el análisis crítico del conservadurismo y la importancia vital de la educación sexual integral, este artículo busca provocar un cambio. La batalla contra la homofobia no es solo un capítulo cerrado en los libros de historia; es una realidad palpable que continúa afectando a innumerables vidas.

La conclusión, por tanto, no puede ser otra que un llamado desafiante a la acción. Paraguay, como sociedad, tiene la responsabilidad de aprender de su pasado y trabajar incansablemente hacia un futuro donde la orientación sexual y la identidad de género no sean fuentes de persecución o discriminación. La memoria de Bernardo Aranda, y de todos aquellos que han sufrido bajo el peso de la intolerancia, debe servir como un faro de esperanza y un recordatorio constante de que la lucha por la igualdad y la justicia es un deber ineludible de todos.

En honor a Aranda, y en nombre de una sociedad más inclusiva, este artículo es más que una simple reflexión; es un llamado a la acción. Que la historia de Bernardo Aranda inspire a cada paraguayo a cuestionar, a desafiar y a transformar, y que su legado sea un recordatorio eterno de que el amor y la comprensión deben prevalecer sobre el odio y el miedo. Que la sociedad paraguaya se una en un compromiso firme de construir un futuro donde la diversidad sea celebrada, y donde cada individuo pueda vivir con dignidad y respeto, libres de cualquier espectro.


Por Juan Cassa


Rerefencias:

Fotografía del archivo original realiza por Clara Cuevas. Junio de 1959.

Tira cómica firmada por Guaripolín en la revista Ñandé. Septiembre de 1959

www.ultimahora.com/por-que-se-llama-108-los-homosexuales-n825821






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